Tamara
Por cierto,hoy no amaneció el cenzontle,ni su figura cantando los versos en el balcón fantasma.Allí, donde los duendes anidan silencios,entre esmeraldas y trigo.Y sin embargo hoy te cuento:murió el canto de mi ventana.
Por cierto,hoy no amaneció el cenzontle,ni su figura cantando los versos en el balcón fantasma.Allí, donde los duendes anidan silencios,entre esmeraldas y trigo.Y sin embargo hoy te cuento:murió el canto de mi ventana.
Lacerada de caricias
de soles que se estrellan en mi carne,
aires que sofocan,
besos que restringen pasos
y estúpidas auroras regalando flores.
Soy huérfana de tu imagen
de lamentos en la noche
cuando atravieso lunas muertas
entre montañas que alimentan fuego
…con el atisbo de mi corazón
que cubre un corazón entero.
…Hoy recordé que te gustaba cantar, cantar aquella ópera que tu mundo apenas conocía. Quizás por eso anoche cerré los ojos y escuché tu voz entre mi llanto, entre las voces de los coros que existen por allá en el cielo y que yo jamás he escuchado.
Recordé que bailabas con esos zapatitos que hacían molestos ruiditos… tap, tap, tap… tap
Y ese tap, tap, tap, ensordeció por fin los golpes del martillo que sellaba la madera que te vestía.
Cerré los ojos y escuché tus pasos acallando el sonido de la grava que golpeaba la caja que te albergaba antes de que le pertenecieras a la tierra y dejaras de ser mía.
Entonces te soñé y bailaste una vez mas.
por ahora no duermo
-mi niña-
con los brazos cruzados
contemplo mi sueño
y espero
que tu partida sea tan solo
otro sueño
Este poema me lo ha enviado Antonio Gamar, siento que sus palabras encierran lo que hoy llevo dentro y lo publico en mi blog, esperando llegue a cada uno de los lectores, así; latente. Antonio, como homenaje y con todo mi cariño. Por mi parte, se lo dedico a Tamara. Una niña que se convirtió en ángel.
Thelma
EL NOMBRE EXACTO
Digo rosa y es instante.
Sed digo y es cactus.
Mas quisiera saber
el nombre del árbol
morado en primavera.
latente, no vaya a ser
que se marchite
tanta hermosura.
Es tarde. Hace tan solo algunas horas que nos despedimos.
Amenaza con llover. Una lluvia más. Tu primera lluvia.
Hace frío, no lo había notado, no traje ninguna prenda para cubrirme, para cubrirte. ¡Que más da!…
Si el Sol se atreviese a brillar nuevamente y yo pudiese creer que calienta la tierra para consolar a las semillas que apenas brotarán, quizá alguna lágrima se quedaría dentro de mis ojos o hasta el cielo perdonaría a la nube que me persigue en esta tierra repleta de maldiciones. Pero no, ya no es posible, lo sé. El sol sigue su camino avergonzado alrededor de la tierra y esconde la cara. Sabe que su luz no traerá más luz y que sus rayos amarillos -iguales a los que dibujabas en las esquinas de tus dibujos- se han teñido de negro.
Estoy sentada al lado del lugar adonde duermes y la humedad empieza a calar en mis huesos ¿Tienes frío? ¡Ay, mi niña! Estás tan lejos de mis brazos por primera vez. Deseo cubrirte con mi cuerpo, evitar que la lluvia moje el lugar adonde yaces desde el día de hoy, desde hace apenas unas horas, desde que te dije adiós.
Y yo aquí con el alma seca mientras tú, mi princesa… recibes las primeras gotas de lluvia bajo la tierra.
Confieso que he mentido
Escribo para espantar dinosaurios y otras sierpes de bífidas ponzoñas,
para lavarme del tedio, la envidia y la desidia. Voy con el sentimiento en ristre,
a toda marcha, y un detector de adulaciones siempre a mano.